• Coach Ana Villarroel

Cómo evitar subir de peso cuando estás siempre cerca del refrigerador

Actualizado: ago 19

Los alimentos y los sentimientos Si durante la última gran pandemia —la gripe española de 1918— hubieran existido los memes, probablemente no encontrarías ninguno que hiciera referencia a si todavía te entra la ropa de entrecasa. Esto se debe a que la obesidad no se convirtió realmente en un problema importante de salud pública hasta después de la Segunda Guerra Mundial, según Marion Nestle, autora del libro Food Politics. El hecho de que ahora sea importante y que los datos preliminares indiquen que la obesidad puede aumentar el riesgo de sufrir síntomas graves de COVID-19, lógicamente aumenta el temor de subir de peso.


Sin embargo, si bien pocos queremos engordar, algunos sentimos una gran tentación de comer una rosquilla en el momento en que anteriormente nos hubiéramos dirigido al gimnasio o a nuestra primera reunión del día. “Hay buenas publicaciones que explican en qué medida la comida constituye un consuelo”, señala Carole Counihan, antropóloga cultural y profesora emérita de Millersville University, en Pensilvania. “Además, por supuesto que sabemos que ayuda a producir endorfinas y tiene un efecto calmante y relajante”. También hay precedentes históricos sobre el aumento de peso en momentos de gran cataclismo social o emocional. Los alemanes tienen una palabra para ello: kummerspeck, que significa “tocino para las penas”.


Calidad vs. cantidad

Es comprensible que la necesidad de automedicarte con papas fritas y salsa aumente cuando siempre estás cerca de la cocina. “Tener acceso constante a alimentos que están al alcance de la mano puede ser un verdadero desafío”, indica Bonnie Taub-Dix, creadora de BetterThanDieting.com (en inglés) y autora del libro Read It Before You Eat It. “Tenemos la tendencia a sentirnos aburridos, molestos o ansiosos y caminar hacia la cocina para buscar comida”.

Si has comprado productos no perecederos por pánico como el resto de nosotros, es probable que los alimentos a los que siempre tienes acceso sean los que te dejarán con más ganas de comer: altamente procesados, azucarados o salados (o ambos), y carentes de nutrientes como proteínas y fibra. El consumo de alcohol ha aumentado, lo cual es comprensible, y cada copa de vino, cerveza o cóctel tiene un doble efecto: agrega calorías vacías a tu dieta y hace que no te preocupe comerte otro brownie.

Incluso si deseas optar por alimentos nutritivos, ahora es más difícil tener el mismo acceso a los vegetales frescos, y tal vez te decepcione no tener todos los ingredientes que necesitas para preparar tus comidas saludables habituales. Si estás en cuarentena con otras personas, tal vez debas adaptar tu menú para coincidir con el gusto o las restricciones dietéticas del grupo. Además, ¿cuántos panes de banana o lotes de galletas has preparado para pasar el tiempo o para entretener a los niños?

Cultiva hábitos saludables

Es un consuelo saber que, según los expertos, todo esto es perfectamente normal, dadas las circunstancias inusuales en las que estamos viviendo. Según explica Taub-Dix: "Este es un momento extremadamente singular. Y una de las cosas más importantes que debemos recordar es que no debemos sentirnos culpables por comer demasiados alimentos que normalmente no elegiríamos ni por comer más de lo que comemos habitualmente”.

Es útil controlar tus expectativas. El autoaislamiento nos ha dado a todos mucho más tiempo para navegar por las redes sociales y envidiar a los que han podido usar este tiempo para mejorar, pero las circunstancias de cada persona son diferentes. Con las demás presiones que tal vez estés sintiendo, este podría no ser el momento adecuado para finalmente bajar esas molestas diez libras de más. Esto no significa que no lo harás nunca, sino que, por ahora, tal vez debas concentrarte en un objetivo más viable, como mantener el peso y no aumentarlo.

Establecer una rutina te puede ayudar. “Muchos de nosotros solíamos comer a ciertas horas”, señala Taub-Dix. Si tenías un horario conveniente para ti, trata de volver a crear otro horario conveniente, recomienda. Las rutinas pueden ser reconfortantes y nos ayudan a mantener los hábitos saludables. Por ejemplo, comer a ciertas horas nos ayuda a no estar comiendo bocadillos todo el día sin siquiera pensarlo.

Moverse también debería ser uno de esos hábitos. Si bien es cierto el cliché de que no puedes compensar una mala dieta con ejercicio, mantenerte activo tiene otros beneficios. “Las investigaciones demuestran que la actividad física frecuente tiene un gran efecto en el estado de ánimo y en la capacidad intelectual”, señala K. Aleisha Fetters, entrenadora física y autora del libro Fitness Hacks for Over 50: 300 Easy Ways to Incorporate Exercise Into Your Life. Comenta que por ese motivo “es útil pensar en evitar el aumento de peso como el resultado de hacer algo que te hace sentir físicamente bien, y no como un objetivo en sí mismo”.

Trata de pasar treinta minutos al día en lo que Fetters llama “movimiento intencional”, que incluye caminar, limpiar, cuidar el jardín y bailar. Además, esos treinta minutos no tienen que ser consecutivos. Una investigación reciente concluyó que moverse a lo largo del día (ejercicio acumulado) tiene un efecto igualmente favorable o, en algunos casos, mejor en la salud que un solo entrenamiento intenso (ejercicio continuo). Fetters, que vive en un apartamento de 950 pies cuadrados en Chicago, tuvo que dividir su entrenamiento por necesidad: algunos ejercicios de pesas rusas por un lado, diez minutos de yoga por el otro. Todo suma.


Fuente: AARP



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